El prejuicio: el rostro de la intolerancia.

Capitalismo: El prejuicio como arma.

Una definición perfectamente válida de prejuicio es la idea que se tiene de los integrantes de un grupo determinado fundada en lo que la sociedad te ha enseñado de ese grupo. De esta forma un prejuicio no sería tanto un comportamiento de un individuo hacia otro, si no característico de un grupo hacia otro. Si no fuese porque el prejuicio es apoyado por un grupo este no podría sostenerse.

En el sistema capitalista de falsa meritocracia, donde en teoría todos competimos entre nosotros en igualdad de condiciones, la realidad es que muchos grupos oprimidos tienen una desventaja obvia, provocada por el mismo sistema para poder dividir a la clase trabajadora entre quienes están mal y quienes están peor, para así poder explotar en mayor medida al grupo más vulnerable. En este punto los prejuicios sirven para explicar estas desventajas culpabilizando a los propios colectivos en vez de al sistema, “los inmigrantes nos quitan el trabajo” o “los pobres quieren que todos estemos como ellos” hacen que la competitividad entre grupos se radicalice; “es que los negros no se saben adaptar a nuestra sociedad”, “las mujeres se quedan en casa en vez de salir a trabajar porque tienen más instinto maternal” o “los que son pobres es porque son vagos” son prejuicios que fortalecen y avalan el sistema ocultando sus fallos.

Los prejuicios, al igual que las dinámicas en los que estos se integran (racismo, sexismo, clasismo) son ya intrínsecos al sistema capitalista que alimenta la competitividad por la supervivencia de grupos e individuos, aumentando al tiempo los beneficios para las clases dominantes. El sistema reproduce los prejuicios y estos fortalecen el sistema. 

Para librarnos de prejuicios y opresiones debemos progresar a una sociedad basada en la cooperación y la superación de las mecánicas capitalistas, nadie es realmente libre mientras tenga que competir para serlo.

Reformulando el «los prejuicios son la razón de los tontos» de Voltaire: La razón de los prejuicios es mantenerte tonto.

Miguel Ángel Falcones Argumosa

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