El prejuicio: el rostro de la intolerancia.

No eres el perfil que estamos buscando

¿Cuántas veces nos hemos enfrentado al espejo antes de una entrevista de trabajo? Hemos dado vueltas al armario, sacado ropa y vaciado las perchas en busca de la prenda adecuada y, sin embargo, no solemos vernos bien con ninguna. Finalmente, cogemos lo que pensamos que más va a gustar a nuestro futuro jefe (si tenemos suerte) y salimos corriendo de casa con la duda de si podremos ser capaces de dar una buena imagen de nosotros mismos.

Pero, ¿qué se supone que es dar una buena imagen? Tras haber enviado o entregado nuestro currículo la empresa, esta ya tiene una idea de qué conocimientos poseemos, y a partir de aquí se supone que la entrevista es una forma de conocer personalmente al candidato o candidata y ver cómo es, qué actitudes tiene y qué puede aportar, pero el punto de mira en muchas de ellas se basa en un juicio inmediato de la ropa o el estilo que lleva, lo que le niega o le facilita el acceso al empleo.

Ante estas situaciones nos encontramos con gente completamente capacitada para un puesto de trabajo digno, cuyos estudios están ajustados al mismos, pero que se ven rechazados simplemente por constructos sociales asociados a las modas que imponen estilos tales como ir en tacones, con falda y maquilladas a las mujeres o ir en traje y completamente afeitados a los hombres.

Como en casi todos los problemas laborales y sociales, las mujeres normalmente se ven más afectadas por estos prejuicios, ya que se tiende a pensar que una mujer que no va maquillada o no se ha puesto unos tacones elegantes para una entrevista no se preocupa por su imagen e incluso le pueden llamar desaliñada.

Nuestro estilo suele definir quiénes somos, pero no puede actuar como barrera ante un puesto de trabajo, no deberíamos permitir que algunas empresas pongan, por ejemplo, como requisito que una mujer vaya en falda para su puesto de trabajo si esto no influye en el desarrollo de ninguna carrera profesional. Vivimos en una sociedad cada vez más diversa, y nuestra ropa no influye en nuestra capacidad laboral, por lo que debemos aprender a respetar a las personas por lo que son, no por lo que llevan.

Miriam Macías Esteban

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